Algunas personas llegan justo en el momento adecuado.
No por casualidad. No porque sí. Sino de tal manera que, al mirar atrás, uno solo puede maravillarse.
Así ocurrió también con Alexander.
Dios puso en nuestro corazón marcar nuestro perfil de Workaway como «Last Minute» (disponibles de inmediato). Normalmente no hacemos eso. Pero esta vez fue diferente. Tuvimos la impresión de que debíamos dar este paso. Así que lo hicimos.
Solo un día después se puso en contacto Alexander. Hablamos por teléfono. Y apenas tres días más tarde estaba con nosotros en Tenerife.
No llegó como alguien que simplemente quería ayudar durante unas semanas. Llegó como una persona que, interior y exteriormente, había alcanzado el límite de sus propias posibilidades.
Cuando la vida ejerce presión desde todas las direcciones
Alexander cargaba con mucho peso por todo lo que había quedado atrás.
Había muchos problemas en su familia. Había sufrido discriminación por su nacionalidad. A ello se añadían preocupaciones económicas. Ya no podía ejercer su profesión. Toda su situación se había quedado estancada.
Estaba completamente desorientado.
Había además algo que hacía su situación especialmente difícil: su esposa y su hijo viven en un país de la Unión Europea, pero él no es ciudadano de la UE. Aunque su esposa y su hijo viven allí, su permiso de residencia no iba a ser renovado por razones políticas. Desde una perspectiva humana, todo parecía un callejón sin salida.
En su vida ya había tenido algunos puntos de contacto con la fe y la iglesia, pero no era realmente creyente. Al mismo tiempo, había en él un interés sincero. Observaba cómo vivimos, qué creemos y cómo contamos con Dios. Y había algo en ello que no lo dejaba indiferente.
El momento en que él mismo pidió oración
Lo decisivo fue que Alexander finalmente pidió por iniciativa propia que oráramos por él.
Y eso hicimos.
Por separado. Junto con él. Como familia.
Entonces sucedió algo que nos conmovió profundamente a todos.
Unos 20 minutos después de la primera oración entró en contacto con una amiga nuestra. Ella hablaba su idioma. Pero eso no era todo: conocía a personas que se encontraban exactamente en la misma situación que él. Estas personas estaban incluso en una situación más difícil que la suya, pero ya habían avanzado más en los procesos administrativos.
De repente había alguien que realmente lo comprendía. Alguien que no solo sentía compasión, sino que también tenía puntos de partida concretos. Se podía ver lo que esto producía en él. De pronto volvió a haber luz en su mirada. Esperanza. Perspectiva. Una sonrisa auténtica.
Donde poco antes todavía había desesperación, de repente quedó flotando una leve intuición: quizá aún no esté todo perdido.
Dios tiene más posibilidades de las que podemos ver
Seguimos orando por él. Especialmente para que Dios se le revelara y abriera caminos donde, humanamente, ya no se veía ninguno.
Porque precisamente esta es una verdad que experimentamos una y otra vez:
Donde las personas ya no ven perspectiva, Dios todavía tiene innumerables posibilidades.
A menudo solo vemos lo que tenemos directamente delante.
Pero Dios ve a vista de pájaro. Ve lo que nosotros no vemos. Puede abrir puertas que para nosotros son invisibles. Y puede cerrar puertas tras las cuales, de todos modos, no nos espera vida alguna.
Con Alexander comenzó a suceder exactamente eso.
A la mañana siguiente llegó ya radiante de alegría y contó que había conseguido en su país de origen un trabajo bien remunerado para los siguientes seis meses, y que comenzaría de inmediato.
Qué comienzo.
Pero Dios no se detuvo allí.
Al día siguiente llegó otra buena noticia: Alexander recibió además una oferta para el trabajo de sus sueños a partir del otoño, es decir, para después de aquel primer empleo. Y este trabajo estaba precisamente en el país de la Unión Europea donde vive su familia. Más aún: si comenzaba allí ese puesto y trabajaba durante un año, eso incluso podría ayudarlo a obtener más adelante un pasaporte de ese país.
En otras palabras: no solo recibió respuesta la necesidad económica inmediata. También para su futuro a largo plazo se abrió de pronto una puerta.
Después otra.
Y otra más.
Nueva esperanza en apenas unos días
Toda esta cadena de puertas abiertas dio a Alexander nuevo ánimo.
Y todo ello en tan poco tiempo.
Llegó hasta nosotros con el último dinero que le quedaba.
Llegó sin una dirección clara.
Llegó con preocupaciones, presión y una visión rota de su futuro.
Y de pronto había esperanza.
Un nuevo trabajo.
Otra perspectiva para el otoño.
Un camino que lo acercaba a su familia.
Comida, alojamiento y un buen salario en su nuevo trabajo actual; exactamente lo que necesitaba con urgencia en su situación.
Incluso pudimos ayudarlo a organizar el vuelo para continuar su camino. Pocos días antes apenas sabía cómo seguir adelante. Y ahora, mientras escribo estas líneas, está viajando a través de Europa hacia una nueva vida.
Alexander estuvo con nosotros solamente cinco días completos.
Cinco días.
Y, sin embargo, Dios puede poner en movimiento en cinco días cosas para las que las personas a veces no encuentran solución durante meses o años.
Las crisis son a menudo el lugar donde las personas comienzan a preguntar por Dios
Hay otro aspecto de esta historia que también nos conmueve: Alexander no era el tipo de persona que llegaba desde el principio con una fe firme. Estaba abierto, pero era prudente. Interesado, pero no estaba sólidamente arraigado.
Como tantas personas, también él encontró precisamente en su crisis un nuevo acceso a Dios.
A menudo sucede así. Solo cuando se han agotado todos los recursos propios, cuando la persona comprende que ya no puede salvarse a sí misma, se abre a pedir verdaderamente ayuda a Dios.
Así les ocurrió a muchos.
También a nosotros mismos.
Y, sin embargo, no siempre tiene que llegarse primero hasta la crisis más profunda.
Quizá estás leyendo esto y tú mismo no te encuentras en un punto absolutamente bajo. Quizá todavía no se ha derrumbado todo. Quizá muchas cosas siguen funcionando exteriormente. Pero por dentro ya sientes desde hace tiempo que necesitas orientación.
Entonces no esperes hasta que ya no sea posible seguir.
Puedes acudir a Dios ahora mismo.
No solo cuando todo esté oscuro.
No solo cuando ya no tengas fuerzas.
No solo cuando todas las puertas estén cerradas.
Una imagen equivocada de Dios puede sanar
Otra parte importante de su historia era su imagen de Dios.
Alexander ya había tenido contacto con la iglesia en distintos países. Pero lo que había experimentado allí había distorsionado su imagen de Dios en lugar de aclararla. Había visto cosas que lo confundían. Cosas difíciles de comprender. Cosas que no concordaban con cómo es Jesús realmente.
Muchas personas experimentan también esto.
No es raro que las personas rechacen a Dios, aunque en realidad solo hayan conocido imágenes de él hirientes, incomprensibles o falsas.
Estamos agradecidos de haber podido hablar con Alexander acerca de ello. De haber podido explicarle algunas cosas. De haber podido ayudarlo a comprender mejor las relaciones. Y de que pudiera comenzar a ver que Jesús es diferente. Es mejor, más verdadero, más amoroso y más claro de lo que muchas personas jamás lo han presentado.
Su último día se convirtió en un sábado especial
Ayer, su último día con nosotros en Tenerife, nos conmovió especialmente.
Era sábado. Y Alexander quiso pasar todo el día en la iglesia local. No por cortesía. No porque eso fuera simplemente lo que se esperaba. Sino porque lo que había vivido durante aquellos días lo había conmovido profundamente.
Lo llevamos hasta allí, fue recibido con los brazos abiertos y permaneció todo el día. Incluso pidió directamente contactos de una iglesia en el nuevo país y en la ciudad donde ahora trabajará.
Para nosotros fue una señal poderosa.
No había solamente alivio por las puertas abiertas.
No había solamente gratitud por las nuevas oportunidades.
También había una verdadera conmoción interior.
Creemos que durante esos días cayó buena semilla en su corazón. Ahora oramos para que el Espíritu Santo permita que esta tierna plantita de fe siga creciendo. Para que Alexander no olvide lo que Dios hizo por él. Para que se aferre a ello. Y para que del asombro inicial surja una fe firme. Damos gracias a Dios por esta experiencia con él 🙏
Lo que puedes aprender de esta historia
Quizá tú mismo necesites ahora exactamente este recordatorio:
Dios ve más que tú.
Dios puede actuar más rápido de lo que piensas.
Dios tiene caminos que aún ni siquiera puedes imaginar.
Y Dios no está disponible solamente cuando todo parece perdido.
A veces basta un paso de confianza.
Una oración sincera.
Un suave «Dios, si realmente existes, ayúdame».
Alexander llegó con poco dinero, muchas preocupaciones y sin un plan claro.
Se marchó con esperanza, puertas abiertas y una nueva perspectiva.
Y precisamente esto nos da ánimo:
Dios escribe historias que las personas no pueden planificar de esta manera.
Quizá también delante de ti haya ahora una puerta cerrada.
Entonces no te rindas.
Porque allí donde para las personas todo termina, a menudo apenas comienzan las posibilidades de Dios.