Algunos conciertos no terminan simplemente cuando se apaga la última nota. Siguen resonando: en los pensamientos, en las conversaciones y en los corazones de quienes estuvieron presentes.
Eso es exactamente lo que nos ocurre después de nuestro concierto en la Finca Maranatha. Todavía nos sentimos profundamente conmovidas y llenas de alegría y gratitud. La música, los muchos encuentros y el ambiente especial de aquella tarde siguen vivos en nosotras.

Más de 30 invitados en nuestra aula
Ya al ver el aula llena quedó claro que este concierto era algo especial. Habían venido más de 30 personas, más visitantes que nunca antes en uno de nuestros conciertos.
Yo misma me sorprendí al ver cuántas personas cabían en nuestra aula. Acercamos las sillas, los invitados se sentaron más juntos y aquel espacio conocido se convirtió en una pequeña y animada sala de conciertos.
El tiempo también creó unas condiciones especiales. El verano en Tenerife mostró su lado más cálido, con temperaturas propias de pleno verano. Por eso, las bebidas y las distintas posibilidades para refrescarse fueron muy bien recibidas.
Nos alegró aún más que todos pudieran dejarse llevar por la música y disfrutar del concierto. A pesar del calor, se creó un ambiente tranquilo, atento y personal.
Junto a mi hermana Anne
Esta vez pude cantar junto a mi hermana Anne. Como dúo de hermanas se creó un ambiente íntimo y personal, en el que pudimos compenetrarnos musicalmente de una manera especialmente delicada.
Para nosotras siempre es un regalo hacer música juntas. Conocemos bien nuestras voces y, aun así, experimentamos una y otra vez cómo cada concierto desarrolla su propio carácter.
Además, Anne se compromete con mucho corazón en Tenerife con el proyecto familiar Ropita y Luz. Allí une el apoyo práctico a las familias con el encuentro personal.
En nuestro concierto, la música en sí no fue lo único importante. Nuestro deseo era señalar a Jesús con nuestras voces y acercar a las personas a la buena noticia por medio de las canciones.
Estamos agradecidas de poder utilizar para ello los talentos que Dios nos ha regalado. Nos conmueve especialmente cuando después escuchamos que una canción ha hablado a alguien, le ha dado ánimo o le ha ayudado a encontrar calma interior.
Una novedad especial: siete canciones en español
También en el aspecto lingüístico este concierto fue algo nuevo: siete de las once canciones fueron en español.
Eso nos alegró especialmente. Muchas de estas canciones no forman parte del repertorio que ya conocemos desde nuestra juventud. Apenas ahora estamos empezando a conocerlas y a descubrirlas musicalmente.
Cantar para Jesús en otro idioma también significa para nosotras adentrarnos en un nuevo mundo musical. A veces los textos, las melodías y las formas de expresión todavía nos resultan poco familiares. Al mismo tiempo, nos abren una nueva puerta hacia contenidos de fe que ya conocemos.
También entre los visitantes se podía percibir que las canciones en español fueron bien recibidas. Escucharon con atención, siguieron las letras y se involucraron interiormente. Había 6 niños presentes- algo muy especial para nosotras también.
Después del concierto, muchos invitados se llevaron gustosamente a casa los libretos que habíamos preparado con las letras de las canciones. Quizá así una u otra canción siga resonando también en su vida cotidiana.
Cuando quienes escuchan se convierten en comunidad
El concierto no terminó con la última canción. Ya antes de comenzar, y especialmente después, hubo mucho tiempo para conversar y encontrarse personalmente.

La gente se quedó reunida, conversó y comenzó a conocerse. Algunas personas descubrieron que habían sabido del concierto a través de amigos o conocidos en común.
Una pregunta se repetía una y otra vez:
«¿Por medio de quién has venido hoy?»
Estas conversaciones nos muestran cómo poco a poco va creciendo una red. Una persona le habla a otra de Maranatha. Alguien trae a sus amigos o familiares. Surgen nuevos contactos y se profundizan encuentros anteriores.
Para nosotras es un gran regalo observar cómo las personas se conectan unas con otras. Maranatha no debe ser solamente un lugar para eventos aislados. Deseamos que sea un lugar donde los encuentros puedan crecer y donde pueda surgir una comunidad auténtica.
La pequeña tienda de la finca de Alma y Kaya
Ese día abrió la pequeña tienda de la finca que Alma y Kaya habían preparado con mucho cariño.

Antes y después del concierto, los invitados pudieron ver, conocer, probar y comprar distintos productos. La oferta también incluía frutas, verduras y huevos frescos de la finca.
La tienda recibió muchas visitas y rápidamente se convirtió en un animado punto de encuentro. Las personas conversaban, descubrían los productos ofrecidos y se alegraban por todo lo que Alma y Kaya habían preparado.
Junto con las bebidas y los refrescos, la tienda contribuyó a que el concierto se convirtiera en toda una tarde de encuentros.
No se trataba solamente de comprar o llevarse algo. Especialmente valiosas fueron las conversaciones que surgieron de manera espontánea. A menudo son precisamente esos momentos no planeados los que hacen que un evento permanezca durante mucho tiempo en la memoria.
Música que crea espacio para detenerse
Nuestro deseo para los conciertos en la finca es que las personas no solo escuchen música hermosa.
Esperamos que por un momento puedan salir de su rutina. Que puedan detenerse, encontrar calma y quizá reflexionar de nuevo sobre Dios, sobre su vida o sobre alguna cuestión personal.
La música puede llegar a las personas de una manera especial. A veces una canción expresa aquello para lo que nos faltan palabras. A veces una melodía regala consuelo. A veces una letra nos recuerda que no estamos solos.
No siempre sabemos lo que una canción produce en el corazón de una persona. Pero podemos cantar y confiar en que Dios utiliza la música.
Por eso oramos para que las canciones hayan tenido un valor personal para cada visitante del concierto y para que puedan seguir obrando en su vida.
Después de un concierto, ya pensamos en el siguiente
La alegría por esta tarde tan especial despertó en nosotras el deseo de repetir un concierto así.
Y, de hecho, ya pudimos anunciar la próxima fecha:
El sábado 3 de octubre de 2026 habrá un concierto familiar en la Finca Maranatha.
Nuestros padres nos visitarán desde Alemania en Tenerife y cantarán junto a nosotras. Ya el pasado octubre tuvimos la oportunidad de ofrecer un concierto con esta formación familiar tan especial.
El próximo programa volverá a estar compuesto principalmente por música en alemán. Además, la voz masculina aportará un sonido más coral y, con ello, un ambiente musical muy diferente.
Cada formación aporta su propio carácter. De este modo, nuestro repertorio continúa siendo variado y lleno de vida. Ya estamos deseando volver a cantar juntos.
Gracias por esta tarde tan especial
Nuestro agradecimiento es para todos los que vinieron y compartieron esta tarde con nosotras.
Gracias a todos los que escucharon con atención, se dejaron tocar por las canciones y nos animaron con sus comentarios. Gracias también a quienes ayudaron con los preparativos, las bebidas, la tienda de la finca y las muchas pequeñas tareas entre bastidores.
Miramos este concierto con profunda gratitud. Fue una tarde llena de música, encuentros, alegría y comunidad vivida.
Anota ya el 3 de octubre de 2026. ¡Esperamos con ilusión volver a cantar para ustedes!