Cuando la finca se llenó de risas infantiles: mirada retrospectiva a nuestro primer campamento de verano

Durante tres semanas, la Finca Maranatha estuvo especialmente llena de vida. Los niños cantaron, jugaron, hicieron manualidades, plantearon preguntas y descubrieron juntos qué tiene que ver la fe en Jesús con su propia vida. Nuestro primer campamento cristiano de verano en Tenerife no solo conmovió a los niños; también nosotros, como organizadores y acompañantes, recibimos abundantes bendiciones.

Normalmente, las mañanas en la Finca Maranatha comienzan con bastante tranquilidad. El viento mueve las hojas, las gallinas cacarean, se oyen pájaros entre los árboles y el día sigue su curso.

Pero este verano muchas cosas fueron diferentes.

La música de alabanza resonaba por toda la finca. Las voces de los niños se mezclaban con el susurro de las hojas. Hubo risas, llamadas, cantos, siembra y riego, manualidades, cocina, juegos y descubrimientos compartidos.

Del 29 de junio al 17 de julio de 2026 tuvo lugar en la Finca Maranatha, cerca de Icod de los Vinos, nuestro primer campamento cristiano de verano. Estaban invitados niños de entre seis y doce años. El campamento se realizó íntegramente en español y tuvo lugar de lunes a viernes, de 9:00 a 14:00 horas. Los niños podían participar una, dos o las tres semanas.

Para nosotros, este campamento fue mucho más que un programa de vacaciones. Fue un comienzo y una experiencia que nos confirmó en el deseo de seguir abriendo las puertas de la finca a niños y familias.

Una propuesta de vacaciones para los niños de nuestro entorno

Al prepararlo, era importante para nosotros dirigirnos especialmente a las familias que viven aquí, en Tenerife.

Aunque Maranatha Tenerife también llega a muchas personas de habla alemana, la finca se encuentra en medio de un entorno hispanohablante. Por eso, durante el campamento, las historias, explicaciones, canciones, juegos y conversaciones se desarrollaron en español.

Los niños no debían sentirse como invitados en un programa ajeno. Debían poder contar cosas, preguntar, reír, entablar relaciones y expresar sus pensamientos en el idioma de su vida cotidiana.

Se reunieron niños con experiencias muy diferentes. Algunos ya conocían historias de la Biblia. Otros todavía sabían poco sobre la fe cristiana o simplemente sentían curiosidad.

Precisamente eso era importante para nosotros: cada niño podía llegar, observar, participar y hacer preguntas. Juntos queríamos descubrir quién es Jesús y qué tiene que ver su amor con nuestra vida cotidiana.

Cada día de campamento con Jesús

Las mañanas seguían un ritmo que se repetía. Después de la llegada, el día comenzaba con canciones, oración y una historia de la Biblia contada de forma adecuada para los niños.

Pero no se trataba solo de escuchar.

Los niños representaban las historias, profundizaban en ellas mediante tareas creativas y participaban en juegos de movimiento y de grupo relacionados con el tema. Una y otra vez, las acompañantes tendían un puente hacia la vida cotidiana:

¿Qué significa esta historia para mí?

¿Cómo trato a los demás? ¿Cómo puedo ayudar a alguien? ¿Qué significa confiar? ¿Por qué es importante perdonar? ¿Cómo podemos hablarnos con amabilidad, incluso cuando algo no sale como deseamos?

El mensaje que presidía el campamento era: Jesús es Rey.

Pero este mensaje no debía leerse únicamente en un cartel o en una camiseta. Juntos nos preguntamos cómo pueden reconocer otras personas que seguimos a Jesús. ¿Se muestra en nuestra manera de tratarnos? ¿En nuestra paciencia? ¿En la forma en que hablamos, ayudamos, compartimos y nos aceptamos unos a otros?

Precisamente esta conexión entre la Biblia y la vida cotidiana hizo que el tiempo compartido fuera tan valioso. La alabanza, las historias, los juegos y las conversaciones se complementaron y ayudaron a los niños a relacionar los temas tratados con su propio mundo.

Aprender con la cabeza, el corazón y las manos

Los niños aprenden de maneras muy diferentes. Algunos escuchan con especial atención. Otros necesitan movimiento, imágenes o una tarea práctica. Algunos hablan mucho, mientras que otros prefieren expresar sus pensamientos mediante colores, formas o pequeñas creaciones.

Por eso, durante el campamento hubo mucho espacio para la creatividad.

Los niños dibujaron, recortaron, pegaron y crearon. Surgieron tarjetas, figuras, imágenes, pequeños regalos y recuerdos personales. Con materiales, colores y muchas ideas propias realizaron trabajos que no solo eran bonitos, sino que a menudo estaban vinculados a un mensaje bíblico.

Además de decorar bolsitas para llevar colgadas, disfrutaron especialmente diseñando las camisetas. Poco a poco fueron transfiriendo letras de colores y coronas doradas a la tela. En las camisetas terminadas podía leerse que los niños son hijos del Rey.

También un pequeño llavero con las palabras del Salmo 23 lo recordaba:

«Jehová es mi pastor; nada me faltará.»

En una pizarra se leía la esperanza: «Jesús pronto volverá» – Jesús viene pronto. Delante de ella se reunieron muchos corazones de colores con oraciones, agradecimientos, dibujos y pensamientos personales.

La creatividad no fue un simple relleno entre otros puntos del programa. Dio a los niños un lenguaje propio para expresar lo que oían, sentían y comprendían.

Movimiento, juegos y risas compartidas

Naturalmente, un campamento de vacaciones también incluía movimiento y mucho tiempo al aire libre.

La finca ofrecía un entorno especial para ello: césped, árboles, columpios, una tirolina de cuerda, dos camas elásticas, una zona para trepar y mucho espacio para jugar. Los niños corrieron, treparon, mantuvieron el equilibrio, tiraron y buscaron soluciones juntos. También tuvo mucho éxito el bingo de la finca, en el que debían buscar y localizar objetos en la propiedad.

En algunas tareas no importaba quién era el más rápido o el más fuerte. Los niños tenían que observarse, ponerse de acuerdo y actuar como grupo.

Una cuerda larga se convirtió en el centro de diferentes tareas en equipo. Otros juegos unían el movimiento con la concentración o retomaban ideas de las historias bíblicas que habían escuchado antes.

Precisamente en esos momentos se vio cómo crece la comunidad. Niños que al principio apenas se conocían se convirtieron en compañeros de juego. Los mayores ayudaron a los pequeños. Quienes al comienzo todavía se mostraban reservados fueron encontrando poco a poco su lugar.

Una de las acompañantes recordaba especialmente lo bien que los niños se integraron en el grupo y cómo se creó un vínculo entre todos los participantes. Para ella no solo fueron valiosas las distintas actividades, sino, sobre todo, la experiencia compartida.

Preparar juntos y compartir unos con otros

El campamento también incluyó actividades prácticas relacionadas con la comida y la convivencia. Se puso el foco en una alimentación equilibrada, vegetal y natural.

Los niños dieron forma a la masa, prepararon platos sencillos y vieron cómo, a partir de distintos ingredientes, surge algo que después puede compartirse. Pudieron tocar, probar, observar y, al final, comer juntos.

Una mesa puesta dice mucho sobre la comunidad.

Allí se comparte. Allí se espera a los demás. Allí niños y adultos conversan. Y allí surgen a veces precisamente esos pequeños encuentros que no pueden planificarse.

También se recogieron flores y materiales naturales para crear con ellos. Se hicieron pequeños ramos que se regalaron o se utilizaron en momentos compartidos. Así se unieron la alegría por la naturaleza, la creatividad, el agradecimiento y el deseo de regalar algo bonito a otra persona.

La reserva se convirtió en confianza

Tres semanas son tiempo suficiente para percibir pequeños cambios.

Algunos niños todavía eran tímidos al comienzo. Primero observaron, escucharon y tuvieron que encontrar su lugar en el grupo. Pero la confianza fue creciendo con cada día compartido.

Poco a poco se abrieron, hicieron preguntas y aportaron sus propios pensamientos. Las acompañantes pudieron atender sus inseguridades, escuchar y buscar respuestas junto con los niños.

Una acompañante resumió su experiencia, en esencia, de la siguiente manera:

«Pudimos experimentar la maravillosa creatividad de los niños. Algunos eran tímidos al principio, pero después comenzaron a abrirse y a hacer preguntas. Alabamos a Dios, aprendimos sobre Él y vivimos la experiencia de un grupo muy bonito.»

Unió su mirada retrospectiva a la esperanza de que este campamento fuera el comienzo de algo más grande: algo que en el futuro llegue a muchos más niños y sea una bendición para ellos.

Otra acompañante describió el campamento como una experiencia muy bonita y agradable. Le conmovieron especialmente el tiempo con los niños y su manera abierta y llena de vida.

Estas voces muestran que no solo los niños se llevaron algo del campamento. También quienes planificaron, explicaron, hicieron manualidades, jugaron, consolaron, escucharon y oraron con ellos fueron bendecidos por el tiempo compartido.

La finca estaba más ruidosa, y eso fue precisamente lo bonito

Durante esas tres semanas hubo mucha más vida de lo habitual en la finca.

Hubo más movimiento, más voces infantiles y más risas sonoras. Hubo que preparar materiales, adaptar puntos del programa y desarrollar espontáneamente algunas ideas. No todo puede planificarse de antemano cuando se reúne un grupo de niños lleno de vida.

Pero precisamente ahí residía una parte de la bendición.

Pudimos observar cómo muchos elementos individuales formaban un todo: música, historias bíblicas, oración, materiales para manualidades, camisetas, colores, cuerdas, juegos, comida, naturaleza y conversaciones.

No se trataba de que cada resultado tuviera un aspecto perfecto ni de que cada momento transcurriera exactamente según lo planeado.

Lo decisivo era que los niños pudieran participar. Que fueran vistos. Que pudieran preguntar. Que pudieran reír juntos. Y que Jesús no solo fuera mencionado, sino que pudiera hacerse visible mediante la amabilidad, la paciencia y la aceptación mutua.

Para nosotros, como organizadores, este ambiente pacífico y al mismo tiempo alegre fue una experiencia muy enriquecedora. Nosotros mismos recibimos muchas bendiciones, tanto durante la preparación como en el encuentro directo con los niños.

Gracias a todos los que hicieron posible el campamento

Una propuesta de vacaciones como esta no nace del trabajo de una sola persona.

Nuestro más sincero agradecimiento a todas las acompañantes y ayudantes que, con su fe, paciencia, alegría y gran dedicación personal, estuvieron allí para los niños.

Gracias a los padres y a las familias que nos confiaron a sus hijos y apoyaron el campamento.

Y gracias a las personas que contribuyeron a los gastos con donaciones.

La participación en el campamento de verano fue totalmente gratuita para las familias. La Finca Maranatha asumió la mayor parte de los gastos de materiales, alimentación, preparación de los contenidos y realización.

Queremos dar las gracias de manera especial a cada uno de los niños.

Gracias por vuestras risas, vuestras preguntas, vuestras ideas, vuestros dibujos y vuestras canciones. Gracias por vuestra manera tan propia de formar parte de estas tres semanas.

Habéis llenado la finca de vida y nos habéis recordado de nuevo lo valioso que es ofrecer a los niños un espacio para descubrir, crecer y creer.

Este campamento fue un comienzo

Después de estas tres semanas, para nosotros está claro que el primer campamento de verano no fue un proyecto aislado.

En el futuro volveremos a organizar propuestas de vacaciones para niños, y no solo durante las vacaciones de verano. Otros periodos vacacionales, días libres concretos o momentos adecuados a lo largo del año también pueden brindar oportunidades para invitar a los niños a la finca.

Estas propuestas no tienen que durar siempre tres semanas. También son posibles programas vacacionales más cortos, jornadas temáticas, mañanas creativas en torno a la Biblia y la naturaleza o actividades de varios días.

Para nosotros sigue siendo decisivo:

Los niños deben experimentar la comunidad. Deben poder moverse, ser creativos, hacer preguntas y descubrir sus propias capacidades. Y deben poder saber que Jesús los conoce y los ama.

Compartiremos las fechas concretas en cuanto estén preparadas las próximas propuestas y se hayan aclarado las condiciones organizativas.

Ayúdanos a mantener gratuitas las propuestas de vacaciones

En la medida de lo posible, también queremos que las futuras propuestas de vacaciones sean gratuitas para las familias participantes.

Para conseguirlo, agradecemos cualquier apoyo. Las donaciones nos ayudan a financiar los materiales, la alimentación y otros gastos relacionados con la preparación y la realización.

Incluso una pequeña aportación puede ayudar a que un niño participe con independencia de la situación económica de su familia.

¿Te gustaría apoyar nuestro trabajo con niños y familias? Ponte en contacto con nosotros. Te informaremos personalmente de cómo puedes colaborar.

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Nos alegra todo lo que Dios hará surgir de este primer paso.

Jesús en el centro. Niños bienvenidos. Una comunidad que puede crecer.

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