Comer pan cada día sin pensar demasiado en lo que lleva: podemos cambiarlo sin convertir la elaboración del pan en una nueva afición. Una panificadora nos ahorra buena parte del trabajo. Si los ingredientes secos ya están pesados y preparados, para ponerla en marcha solo necesitamos agua, nuestra mezcla y un buen chorro de aceite de oliva.
Así hacemos nuestro pan de cada día en la Finca Maranatha. Esta rutina reúne unos 20 años de práctica y de intercambio con otras personas aficionadas a hacer pan. Buscamos un pan con una proporción alta de harina integral e ingredientes elegidos por nosotros, que encaje de forma fiable en la vida cotidiana. No necesitamos mantener una masa madre ni formar el pan a mano. Empezamos con un sencillo pan de espelta con levadura.
Elegir nosotros mismos los ingredientes
Si hasta ahora sueles comprar el pan en la sección de panadería del supermercado, esta receta te permite dar un siguiente paso sencillo. Decidimos qué harinas utilizar, qué proporción de harina integral incorporar y si añadimos frutos secos o semillas. Nuestra mezcla no necesita azúcar añadido. Todo lo que lleva nuestro pan cabe en una lista breve de ingredientes.
Eso no significa que cualquier pan casero sea automáticamente mejor que cualquier pan comprado. Queremos mejorar una rutina concreta: preparar un pan con ingredientes elegidos conscientemente, que nos guste y que podamos hacer con regularidad. Un pan artesanal de elaboración más compleja pertenece a otra categoría. Para empezar, nuestro pan de cada día tiene que salir bien y resultar práctico.
Nuestra receta base: un pan u ocho mezclas
La base son 500 gramos de harina por pan. Normalmente usamos 350 gramos de harina integral de espelta y 150 gramos de harina blanca de espelta. Así obtenemos un 70 % de harina integral. En la columna de la derecha encontrarás las cantidades para ocho mezclas secas; el agua y el aceite se añaden siempre justo antes de preparar el pan.
| Ingrediente | Para un pan | Para ocho mezclas |
|---|---|---|
| Harina integral de espelta | 350 g | 2,8 kg |
| Harina blanca de espelta | 150 g | 1,2 kg |
| Levadura seca de panadería | 7 g | 56 g |
| Sal de roca o sal cristalina finamente molida | 1 cucharadita | 8 cucharaditas |
| Nueces, opcionales | unos 62,5 g | 500 g |
| Pipas de girasol, opcionales | aprox. 1 cucharada | 8 cucharadas |
| Pipas de calabaza, opcionales | aprox. 1 cucharada | 8 cucharadas |
| Agua, al preparar el pan | 375 ml | añadir para cada pan |
| Aceite de oliva, al preparar el pan | varias cucharadas | añadir para cada pan |
Una cucharadita corresponde a una cuchara de té y una cucharada, a una cuchara sopera. Con la sal y el aceite no nos complicamos: una cucharadita de sal y varias cucharadas de aceite de oliva nos funcionan bien. En cambio, medimos con cuidado la harina, el agua y la levadura. Si el pan no sale como esperábamos, unas cantidades de partida fiables ayudan a encontrar la causa.
Los frutos secos y las semillas son opcionales. Nos gustan especialmente las nueces y repartimos un paquete de 500 gramos entre ocho mezclas. No pasa nada si las porciones no son exactamente iguales; también nos va bien utilizar 400 gramos en total. Las pipas de girasol y de calabaza se pueden añadir por separado o juntas.
Qué harinas funcionan para este pan
La proporción de nuestra mezcla no es rígida. También nos funciona bien usar 250 gramos de harina integral y 250 gramos de harina blanca, así como las proporciones intermedias entre 50:50 y 70:30. La cantidad total se mantiene siempre en 500 gramos de harina por pan. Dentro de ese margen puedes descubrir qué proporción de integral te gusta más.
Nos gusta utilizar espelta. Pero con esta misma receta también hemos obtenido buenos resultados con harina integral de trigo y harina blanca de trigo. Para la parte de harina blanca, la harina de fuerza es una opción. Cuando añadimos pequeñas cantidades de otras harinas que nos quedan en casa, las incluimos en el peso total, en lugar de sumarlas a los 500 gramos.
Importante en caso de alergias: la espelta es un tipo de trigo y contiene gluten. Este pan no es apto para personas con celiaquía; en caso de alergia al trigo, la espelta tampoco es un sustituto seguro. Si añadimos nueces, la mezcla también contiene frutos de cáscara. Cuando preparamos pan para otras personas o regalamos una mezcla, conviene indicar claramente todos los ingredientes.
Preparar una vez y facilitar los siguientes ocho panes
Para nosotros, el mayor ahorro de trabajo empieza antes de hornear. Sacamos del armario la harina, la levadura, la sal y las semillas una sola vez y preparamos ocho porciones. Necesitamos un bol grande y seco, con capacidad para cuatro kilos de harina, una cuchara grande, una báscula y ocho bolsas aptas para alimentos.
Primero mezclamos bien en el bol 2,8 kilos de harina integral y 1,2 kilos de harina blanca. Después colocamos cada bolsa en la báscula, ponemos el peso a cero y añadimos 500 gramos de la mezcla de harinas. Entre dos personas resulta cómodo: una sostiene la bolsa ligeramente inclinada sobre el bol y la otra la llena. También se puede hacer sin ayuda.
A cada porción le añadimos siete gramos de levadura seca de panadería y una cucharadita de sal. Después repartimos las nueces y semillas elegidas directamente entre las bolsas. Conviene fijarse bien en el envase de la levadura: calculamos en gramos, no en sobres de cualquier tamaño. Necesitamos levadura de panadería. La levadura química es un impulsor para repostería y no sirve para esta receta.
Damos unos golpecitos suaves con las bolsas sobre la encimera para que la harina se asiente y doblamos varias veces el borde superior. En la etiqueta ponemos la fecha de preparación, los ingredientes y esta indicación: «Ya contiene levadura. Para preparar el pan, añadir 375 ml de agua y varias cucharadas de aceite de oliva». Así queda claro qué hacer, aunque otra persona prepare el siguiente pan.
Así hacemos el pan en la panificadora
Para nuestra rutina diaria utilizamos el programa rápido. En nuestra máquina dura una hora y 18 minutos. Dejamos el tamaño del pan y el nivel de tostado en el ajuste normal. Estos tiempos corresponden a nuestra panificadora; en otros modelos, la secuencia del programa y los ajustes pueden variar.
Sacamos la cubeta, colocamos las palas amasadoras y la ponemos en la báscula. Tras poner el peso a cero, añadimos 375 mililitros de agua a temperatura ambiente. Aquí, en Tenerife, usamos agua potable filtrada o agua embotellada. Encima echamos una mezcla seca completa y varias cucharadas de aceite de oliva. Colocamos la cubeta en la panificadora e iniciamos el programa.
A partir de aquí trabaja la máquina. Aun así, nos gusta hacer una pequeña tarea: retirar las palas después del último amasado. En nuestro programa rápido esto ocurre al cabo de unos 15 minutos, por lo que ponemos un temporizador.
Dejamos las palas en un cuenco pequeño. Alisamos con cuidado la masa con un tenedor, manteniendo las púas dentro de la masa y sin tocar el revestimiento de la cubeta. Después, el programa continúa. Sin las palas, el pan se desmolda más fácilmente y quedan agujeros más pequeños en la base. Este paso es opcional: si se nos olvida o todavía no conocemos la secuencia del programa, podemos dejar las palas dentro.
Cuando suena la señal, procuramos sacar el pan en la siguiente media hora. Con guantes de horno retiramos la cubeta caliente, la colocamos boca abajo sobre una tabla o rejilla y giramos el mecanismo de las palas amasadoras. Así se suelta el pan y podemos sacarlo con unas sacudidas suaves. Si permanece mucho tiempo dentro, puede acumularse humedad y ablandarse la corteza. Lo dejamos enfriar lo suficiente antes de cortarlo.

Cuando tenemos más tiempo: el programa básico
Como alternativa, recomendamos el programa básico con la misma receta. En nuestra máquina dura 3:05 horas. Tras el precalentamiento, incluye varias fases de amasado y reposo; podemos retirar las palas al cabo de aproximadamente una hora. El pan sube de forma más uniforme hasta los bordes, adquiere una forma más rectangular y tiene una miga esponjosa. En el programa rápido, en cambio, la parte superior queda más redondeada y el pan resulta ligeramente más compacto, algo que incluso preferimos.
Un mayor tiempo de reposo y fermentación puede favorecer la absorción de agua de los componentes integrales y el desarrollo del aroma. Eso no significa que debamos amasar la espelta durante el mayor tiempo posible o con más fuerza. Lo que cuenta es la secuencia del programa.

Si el pan no sale bien, ajustar con criterio
Cuando probamos una receta nueva, intentamos cambiar solo una cosa cada vez. Anotamos la harina, el agua, la levadura, el programa y el resultado. Nuestros 375 mililitros de agua y siete gramos de levadura no son una regla válida para todos los panes. Los ingredientes adicionales también pueden modificar la proporción entre harina y líquido.
- Se hunde en el centro: Una posible causa es el exceso de agua. También puede deberse a demasiada levadura o a una fermentación demasiado larga. Si la masa está muy húmeda, empezamos reduciendo un poco el agua; si sube mucho y después se hunde, revisamos la levadura y el tiempo de levado.
- Queda pequeño, denso o apenas sube: Comprobamos el estado de la levadura, la cantidad de harina y el líquido. La falta de levadura, una levadura que ya no está activa, el agua demasiado caliente o un tiempo de levado insuficiente pueden impedir que suba.
- Queda seco y se desmiga: Puede que la masa tenga poca agua o demasiada harina. Un horneado demasiado largo también puede resecar el pan.
- Está pegajoso por dentro: Primero lo dejamos enfriar por completo. Si el centro sigue pareciendo masa cruda, revisamos el tiempo de cocción y el tamaño del pan. Cortarlo demasiado pronto puede dificultar la valoración.
- Está demasiado oscuro por fuera: En la panificadora elegimos un nivel de tostado más claro. En el horno revisamos la temperatura y el tiempo de cocción, sin guiarnos únicamente por el color de la corteza.
- Queda torcido o inusualmente plano: Una masa seca y mal distribuida, o una cubeta demasiado grande, pueden influir en el resultado. Si la miga está esponjosa, no significa necesariamente que necesite más levadura.
Para 500 gramos de harina, añadir o quitar entre diez y 15 mililitros de agua puede ser un primer ajuste pequeño. Aun así, nuestra masa de espelta debe quedar blanda. Una parte superior abombada en el programa rápido no es un defecto por sí sola; también hay que valorar el sabor y la miga.
Cuidar las reservas y la cubeta
Guardamos las mezclas preparadas en un lugar fresco, seco y protegido de plagas, con las bolsas de papel dentro de un recipiente bien cerrado y apto para alimentos. La harina integral, las nueces y las semillas pueden enranciarse. Por eso solo preparamos la cantidad que vamos a consumir en un plazo razonablemente corto.
Si preferimos levadura fresca, podemos congelarla en porciones, descongelarla en la nevera antes de preparar el pan y disolverla en el agua dentro de la cubeta. Después añadimos la mezcla, en este caso sin levadura seca. Para la cantidad de levadura fresca seguimos la indicación del envase para 500 gramos de harina.
Una envasadora al vacío puede resultar práctica para guardar cantidades mayores de harina, pero no permite conservarla indefinidamente ni elimina de forma fiable las plagas que ya pudiera contener. Si observamos hilos o telarañas de insectos, plagas, moho o un olor extraño, no utilizamos esos ingredientes.
Dejamos enfriar la cubeta antes de limpiarla. Remojamos los restos adheridos con agua limpia en su interior, a menudo durante una media hora; las palas pueden necesitar más tiempo. Después lo limpiamos todo a mano, con un paño o un cepillo suave. Evitamos los utensilios metálicos, los productos abrasivos y el lavavajillas. El mecanismo de accionamiento y la carcasa se mantienen secos. Solo guardamos la cubeta y las palas en la máquina cuando están completamente secas.
No tener que hacer pan todos los días
A menudo dividimos el pan, una vez completamente frío, en dos mitades y congelamos una. Para nuestras reservas de pocas semanas nos ha funcionado una bolsa de papel; los recipientes de congelación herméticos o las bolsas adecuadas protegen mejor frente a la pérdida de humedad y los olores de otros alimentos. También se pueden congelar rebanadas por separado. Sacamos la cantidad que necesitamos la noche anterior y, si nos apetece, la tostamos a la mañana siguiente.
Además de facilitar las reservas, congelar el pan puede tener otra ventaja: varios estudios en personas aportan indicios de que congelar, descongelar y después tostar o recalentar el pan puede reducir la respuesta de glucosa en sangre. Una posible explicación es el llamado almidón resistente: al enfriarse, una parte del almidón se reorganiza y resulta menos accesible para nuestras enzimas digestivas. Esa parte no se descompone tan fácilmente en azúcares en el intestino delgado. La magnitud del cambio en la respuesta glucémica depende del pan y de su preparación; nuestro pan integral de espelta no se ha estudiado. Para nosotros, es un posible beneficio adicional de nuestra forma de conservar el pan. El tamaño de la porción y lo que comemos junto con el pan siguen siendo importantes.
Para cortar el pan basta con un buen cuchillo de sierra. Si hacemos pan con frecuencia, una cortadora permite obtener rebanadas uniformes del grosor que nos guste. Para nosotros es un complemento práctico, pero no hace falta tenerla para empezar.
Dónde encontrar ingredientes y utensilios en Tenerife
Compramos harina integral de espelta en Mercadona, Carrefour o Cash & Carry. En el envase figura como «harina de trigo de espelta 100 % integral». También encontramos harina integral de espelta ecológica en Carrefour. La harina blanca de espelta la compramos en Carrefour o Alcampo.
Compramos levadura seca de panadería de la marca Hacendado en Mercadona, nueces y pipas de girasol en Lidl y pipas de calabaza en Carrefour. En ocasiones pedimos cantidades mayores a proveedores de productos ecológicos. Organizamos las compras según nuestras necesidades y no vamos a comprar de nuevo para cada mezcla.
En las panificadoras preferimos una cubeta alargada con dos palas amasadoras. Por nuestra experiencia, los panes altos y de forma más cúbica que producen otros moldes resultan más difíciles de cortar. Solemos estar atentos a las ofertas de electrodomésticos de Lidl. Nuestro consejo: preguntar en caja por un cupón de envío gratuito para compras online a Canarias y comprobar sus condiciones. A veces también hay cortadoras de pan en Lidl; otra opción para buscarlas es Amazon.
La guía para imprimir
Si prefieres tener una hoja al lado del bol mientras pesas los ingredientes, puedes descargar e imprimir nuestra guía para hacer pan en español. Incluye las cantidades de la receta, los pasos de preparación, consejos de compra y una guía para resolver los problemas más frecuentes.
Este material forma parte de nuestro taller de pan del 20 de septiembre de 2026. El anuncio del taller explica cómo se planteó el encuentro. Puedes utilizar esta guía en casa sin haber participado.

Nuestro pan de cada día
En el padrenuestro pedimos a Dios nuestro pan de cada día (Mateo 6:11). Al pesar los ingredientes, hornear y comer juntos, esa petición se vuelve concreta para nosotros. Tener alimento y sustento no es algo que debamos dar por hecho. La palabra «nuestro» también nos recuerda que no se trata solo de llenar nuestra propia despensa: el pan se puede compartir, y quizá todavía haya un sitio libre en nuestra mesa.
Jesús se llama a sí mismo el «pan de vida» (Juan 6:35). Para nosotros, esta imagen va más allá del alimento cotidiano. Nuestro cuerpo necesita comida; también necesitamos esperanza y alguien en quien apoyarnos y a quien confiar nuestras preocupaciones. Encontramos ese apoyo en nuestra relación con Jesús. Así, un pan hecho en casa puede ser también una ocasión para dar gracias e invitar a alguien a comer.
Si te apetece conversar sobre hábitos prácticos para el día a día o sobre cuestiones de fe, eres bienvenido en la Finca Maranatha, cerca de Icod de los Vinos. Encontrarás aquí la información de contacto y cómo llegar.